Arregló y empezó a armar el equipo
Arregló y empezó a armar el equipo

Pidieron helado y la moto llegó con el delivery. Estaban en las oficinas de Rodolfo D’Onofrio en Parque Norte, había entrado a las 12:40. El ágape tenía sentados –y con cuchara– al presidente, a Andrés Ballota –tesorero–, a Ramón Díaz y a Adrián Castellano –manager del entrenador–. Quince horas antes, en la misma oficina, se habían juntado dos de los cuatro que ahora estaban en ese encuentro. Ahí se había saldado, en parte, la continuidad del entrenador que se había puesto en duda durante los últimos seis meses durante el lapso electoral –incluso, por lo bajo, el cuestionamiento era de la propia lista ganadora–. Ahora, más allá de que se arrancara con el postre, la decisión era firma: en esa mesa, arrancaba el River 2014.

Ramón Díaz salió de la reunión a las 16. D’Onofrio hizo lo mismo veinte minutos más tarde. Los dos salieron a decir aquello que estaba dicho hace mucho tiempo: la pretemporada sería en Tandil y el primer refuerzo a buscar sería Fernando Cavenaghi; el presidente, además, agregó otro detalle de los que podían deducirse: una economía como la de River, profundamente en crisis de pasivos y de activos –con pérdidas de 9 millones de pesos mensuales y con problemas para pagar aguinaldo–, no tiene capacidad para financiar la llegada de Ignacio Scocco, el futbolista más codiciado del mercado. “Es un hombre racional, entendió la situación de River”, planteó el presidente, quien dejó una seña que no era de las esperadas: “No hay lista de prescindibles, Ramón va a convocar a todos los jugadores que estén disponibles para arrancar la temporada, después decidirá.”

Aun así, nada es tan fácil. La línea en cuestión de refuerzos, más allá de que haya un acuerdo, es distinta entre el presidente y el entrenador. A Ramón Díaz siempre le gustaron las incorporaciones grandilocuentes. A la nueva dirigencia le parece pertinente frenar los problemas económicos y la postura es la de no realizar gastos insensatos. Aunque hay un punto en el que todos coinciden: se va a cuidar el patrimonio del club. Por lo que, como consecuencia de eso, se definió que Manuel Lanzini –el hombre por el que se habían ofertado hace seis meses unos 7,5 millones de euros para que se fuera a Dubai y sobre el que Daniel Passarella aseguró, hace una semana, tener una oferta de 35 millones de pesos de un club de Rusia– no sería vendido, como tampoco Eder Álvarez Balanta, los dos que podían emigrar al exterior, así como tampoco ningún otro jugador de inferiores.

Durante la pretemporada, la idea del cuerpo técnico es trabajar en un esquema de 4-2-3-1. Ese es, en un principio, el esquema que piensan empezar a utilizar. Con Teófilo Gutiérrez como el mediapunta por el centro, la opción del centrodelantero es, sin dudas, y antes de que arranque la pretemporada quedará acordada, Cavenaghi: un refuerzo de la gente, una variante políticamente correcta, un hombre que se acomodaría rápido a regresar al país y a jugar bajo el escudo riverplatense.

Ratos más tarde, Castellano y Ballota se juntaron a acordar las cifras tan cuestionadas durante el último período y se llegó a un acuerdo, en el cual las cifras no trascendieron –sobre todo por el episodio anterior donde se publicaron– y se reafirmó la extensión por los dos años. “Él nos explicó la situación del club y la gente se tiene que quedar tranquila porque el contrato será revisado, controlado y modificado”, explicó el entrenador, que siguió con la misma línea que arrancó hace más de un mes, en la que demostró que bajaría las pretensiones con tal de seguir estando en River.

Aparentemente, todo parece normal, todo parece escrito desde antes y no hay inconvenientes. Al menos, por ahora, todos toman helado juntos.